viernes, 25 de abril de 2014

Maleta Llena



Abriste la maleta a regañadientes, fuiste metiendo tus cosas. Cajones abiertos, lejas vacías, percheros desangelados. La maleta no se llenaba, por más que mirabas en los rincones, detrás de las puertas, en el aseo y la cocina. Nada más había que meter.
Una maleta llena de cosas vacías. Al levantar la cabeza y mirar en el espejo, solo viste la imagen de tu vida. La maleta estaba llena de tu vida.
Que pocas cosas necesitaste para construir tu felicidad. Nada material te era necesario para cambiar de sitio y continuar con la inmensa felicidad en la que poco a poco dabas sentido a tu existencia. Llenaste el vacío de ayer con el afecto de tu mano. Colmaste el corazón con la alegría de tus ojos. Amaste hasta llenar la existencia de todos los que llegaban a ti.
Y si tus lágrimas salían sólo eran para llenar el río de vida. Tus besos no se iban con la fuerza del viento, quedaban prendidos en las mejillas de tus amigos. Olores de hogar rezumaban por tus poros. Crujir de madera antigua, de pasos de siempre. Llenabas. No había ausencias. Todo colmaba. Tu piel era tu ajuar.

Tu maleta estaba llena de ti

jueves, 24 de abril de 2014

Maleta vacía




Abriste la maleta a regañadientes, fuiste metiendo tus cosas. Cajones abiertos, lejas vacías, percheros desangelados.  La maleta no se llenaba, por más que mirabas en los rincones, detrás de las puertas, en el aseo y la cocina. Nada más había que meter.
Una maleta llena de cosas vacías. Al levantar la cabeza, y mirar en el espejo,  solo viste la imagen vacía de tu vida.
Sola, triste, abandonada, dejada de los demás.
No tenía más cosas que meter en esa maleta que las penas, las hendiduras de tu piel marcada por el odio, heridas que te fuiste ganando a pulso en todas las cosas que hiciste.
Recuerdos de casas sin hogar. De camas sin amor, de hombres sin caricias, de niños sin mirada.
Vacía de agua, vacía de tierra, vacía de vida. Maleta vacía de sentimientos y de carne. Ni corazón ni alma.

Tu vida esta tan vacía cómo tu maleta

miércoles, 23 de abril de 2014

Por que sí



Porque lloras cuando te dicen que no es grave lo que tengo.
Porque te comes las lágrimas con una sonrisa.
Porque tus horas de espera son siglos y tenían que ser segundos.
Porque me colé en tus ojos para llenarme de amor.
Porque dejaste que las horas de amor dejaran de ser lentas y pasarán a ser desesperantes.
Porque te embelesas cuando piensas en mi.
Porque tu aliento no resbala por mi piel, se queda en ella como aceite de bebé.
Porque despertarte, aun siendo un suplicio, me miras con deseo.
Porque te gusta el sol que a mí me gusta, y la nube que nos tapa la cara.
Porque estás tan guapa por dentro como por fuera.
Porque la vida de tus ojos me la pasas a miradas llenas.
Y la frase más bonita de amor todavía no la hemos escrito pero siempre está en nuestro labios.
Porque de tu hogar hiciste el hogar y de tu vida la vida.
Porque el agua sabe a vino del mejor y el vino al mejor néctar.
Y porque la comida está hecha con tanto amor que ni sal y azúcar le hace falta.
Porque dejaste de tener sexo para hacer el amor.

Y porque algún día nos miraremos a los ojos y solo habrán pasado dos siglos.  

lunes, 21 de abril de 2014

Un ficus



Son cientos de años ya de vida y aun en mi vitalidad y mi fuerza se van notando el paso de los siglos. Me miman y cuidan los hombres, como si mi propia naturaleza ni supiera cuidarme. Llevas viendo pasar generaciones de cosas, de seres vivos y muertos. De animales y plantas. Todas terminan y yo perduro. El aire mece mis ramas y alerta notas de color. Paró la lluvia tormentosa. Para que mansamente fluya por mis grandes hojas y me de vida lentamente. Pese a mi gran tamaño no necesito grandes cantidades de aportes para mantener mi vitalidad. Mas me atacan los que me cuidan que la propia naturaleza. Por un lado me estudian, me analizan, me curan, y por otro me agreden, me destruyen, me desorientan. No comprendo a estos humanos.
Y pasa lo que pasa que siglos de vida dejan partes de mi cuerpo débiles y viejos y cualquier cambio inesperado de la meteorología, ya sea el aire, el frío, el calor, la excesiva sequedad ajan ramas débiles y caen inanimadas muy a mi pesar. Se arrancan pedazos de mi cuerpo que me hacen llorar mi sabia. 
Al caer hicieron daño a tres chavales y los humanos, como casi siempre, más preocupados por mis daños estructurales que por la salud de los tres jóvenes. Somos importantes, muy importantes, algunos somos mil milenarios y nos merecemos el máximo respeto y cuidado sin ningún tipo de restricciones, que nos agregan de ninguna forma. Peto nunca, repito nunca seremos más que un humano. Nuestra vida está al servicio de ellos. Si nos miman miraremos más. Pero nunca seremos el protagonista de una noticia como esta.
"El ficus milenario de Floridablanca no ha sufrido daños importantes".
Cuando los heridos de verdad son los tres jóvenes que solo querían cobijarse bajo mis grandes hojas.
Lo siento más que los humanos el daño que les causé.


miércoles, 16 de abril de 2014

Procesión





El sonido de la maza en el tambor, cadencioso, firme, continuo, lejano siempre pero que cada golpe se clava en tu alma como suave pluma.
Intentas acompasar tus pasos a ese ritmo y casi imposible. Tus sandalias de  esparto tejidas a mano te llevan a tu compás. A tu manera de ir sintiendo tus recuerdos de todo ese año de espera. De las vivencias sufridas y tus gozos sentidos. Aun reparas en el vibrar de tu corazón cuando el sonido de las alcayatas más intenso y rápido se va acercando por tu espalda. Como si quisiera ponerse a tu lado para avisarte de la importancia de lo que estás viviendo.
Paso a paso recorres lugares y sitios que en otra hora estarían llenos de algarabía y bullicio, pero que ahora los redescubres con sus sombras de oscuridad, sin luz de sol, sin luz de vida, la muerte está más presente que nunca en ese momento. Paso a paso la maza te marca un ritmo que las alcayatas te rompen, alejándose y aproximándose como anuncio de vida y muerte.
Tu recogimiento es total ahora. Empezaste despistado con el habla suave y floja de los que te acompañan pero ahora es el silencio absoluto de tu interior el que te hace oírte. El que te saca de dentro lo bueno y lo malo de tu vida. La maza y la alcayata te recuerdan sin parar que eres y quien eres. No tienes escapatoria. Estas enfrentado a ti mismo. A tus miedos y a tus alegrías. A tus temores y a tus valores. A tu terror y a tu paz. Sabes que saldrás satisfecho de esa noche. La quieres vivir por completo. Llevas todo un año en esa espera. El Cristo del Consuelo se acerca y se aleja. La maza y la alcayata van y vienen.
Renacerás de nuevo como cada año. La cruz y el cíngulo que soportas serán tu liberación hasta la próxima. Serás de nuevo quien eres de verdad.

Volverás a tu paz interna

lunes, 14 de abril de 2014

Enfermera


Suena el timbre a media noche.
-Sí, que necesita?
-Se acabó el gotero.
-Enseguida vamos.
Su jornada había empezado a las tres de la tarde y aun le quedaba toda la noche. El cansancio empezaba a surcar sus ojos, pero con su gran ánimo, se dirigió a la habitación y sin encender la luz, solo con el hilo que entraba por la puerta entreabierta, cambió ese gotero, una mirada de reojo al otro paciente le aseguró que todo estaba es su sitio. Ni si quiera se había despertado.
El descanso, el sueño curan más que los medicamentos. O por lo menos lo potencian. Y eso ella lo llevaba a rajatabla. Sería su inmensa vocación la que le hacía hacer las cosas con esa sonrisa natural, agradable, de confianza.
Hasta las 4 de la mañana no tuvo tiempo de pensar en ese café cortadito calentito que tanto necesitaba. Su mente voló rápidamente a la almohada de su niño de dos añitos. Estaría durmiendo plácidamente. Otro día más que se perdería de su juventud. Este trabajo casi precario, tenía muchas compensaciones, pero se pagaba un alto precio también. La niñez de su hijo no tiene precio. Pero ahora no podía seguir pensando.
Sonaban de nuevo los timbres, las cuñas, los goteros, los antibióticos, sacar la sangre para las analíticas. Y todo ello sola, para toda una planta del ala oeste del hospital. Las noches se reducía a la mitad el personal técnico. Y las manos volaban siempre.
Terminaba ya su jornada, casi despuntaban ya los primeros rayos del nuevo día, cuando un nuevo timbre sonó en el mostrador central.
-si?
-se le ha salido la vía.
-voy ahora mismo.
¿Esta señora tan mayor y se le ha salido la vía? Se iba preguntando mientras corría con el carro de curas al final del pasillo. Algo no cuadraba.
Abrió la puerta sin encender la luz. Ya no hacía falta. Rápidamente se hizo cargo de la situación. Se la había arrancado seguramente en algún movimiento al darse la vuelta. Rápidamente taponó la sangre. No era nada grave aunque si alarmante y aparatosa. La sangre es muy explosiva.
Le tomaría una nueva vía pero recordaba cuando le puso la primera. Sus venas finas como hilos de coser, escondidas bajo esa piel de una persona tan gruesa. Le llevaría su tiempo y eso podía retrasar su salida. Solo una décima de segundo y se dedicó en cuerpo y alma a colocarle la vía lo mejor que sabía. Mínimo dolor.
Su relevo había llegado y se prestó a terminar su trabajo. Una mirada entre ellas bastó para comprender que ayuda toda, peto sustitución no. Colocaron la vía no sin esfuerzo pero con su habilidad y delicadeza que la anciana aun agradeció el cariño que habían puesto.
Eran más de las ocho y media. Mientras se cambiaba, una lágrima de tristeza y alegría resbalaba por su mejilla. Luego decidiría con cuál de las dos se quedaría. Quería llegar a casa.


A Ana

martes, 25 de marzo de 2014

Siempre Juntas



Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida…

Sus lágrimas son serenas, abundantes. Están saliendo de más allá de sus ojos, vienen del centro de su vida, de sus primeros y últimos recuerdos. El día gris y suave envuelve tiernamente su espíritu que le afloja las coronas de espinas que tantos años han dañado su alma. 

Recuerdos de dos almas vividas juntas y separadas con violencia, sin permisos de la naturaleza. Desgarrada odisea de pesquisa infructuosa de una hacia la otra. Lágrimas de esperanza siempre, fuerza en la convicción de que un día se reencontrarían. Búsqueda desesperada a veces, ilusionada otras. Pero siempre búsqueda de la una a la otra. 

Nacieron juntas. Y ya antes, en ese espacio donde se crean las ilusiones de la vida, forjaron la férrea unión entre ellas. Las caricias, las miradas, los suspiros, las ganas de estar siempre unidas y que nada y nadie rompiera esa vínculo. Poco tiempo que no tiene tanta fuerza. Solo hizo falta oler el aire, oír el ruido, sentir el dolor, ver el negro y tocar la maldad para que esa fuerza que tanto las unía se rompiera en añicos. Cada una por un sitio, cada una en un lugar. Cada una en un mundo, cada una con gente distinta. 


Pero su trabazón era superior aun en la distancia. Se oían. Se sentían. Sabían que vivían. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Llega la maldita primavera






Y llegó la primavera, sus flores, sus olores, sus colores, sus plantas, sus sangres calientes.
Un cambio de vida, dejamos los colores oscuros y negros del invierno para enfundarnos de los rosas y azules de la primavera. Dejamos los sayos pesados para vestirnos de sedas vaporosas. Dejamos al aire nuestros cuerpos después de tanto frío pasado. Los olores a "sagato" y a estufas dan paso a perfumes y colonias.
Los edredones y mantas vuelan como alfombras de Aladino a tintorerías y armarios dejando paso a sabanas de hilo que acarician nuestros cuerpos.
Ventanas y puertas cerradas se abren de par en par para que entre la primavera.
Puñetera primavera que deja entrar a los bordes de los mosquitos que aterrizan de madrugada sobre los pabellones de nuestras orejas. De los tábanos asesinos que matan nuestras pieles creando tumbas de sangre como montículos de ampollas. Moscas cojoneras que se comen nuestra comida.
Animales del demonio que alteran nuestras vidas y nuestros sueños.
Las flores, el heno, el trigo, el olivo, el polen, los ácaros. La madre que los parió. Llantos y más ahogos. Desesperación total. No hay segundo que una lágrima o estornudo se oiga 

Mal vamos con la primavera, mal vamos 

martes, 18 de marzo de 2014

Lo saben antes



Un mala noche. Una cena excesiva. Una vigilia de difícil conciliación del sueño. Y en esa espera oyes cosas que ayer no se oían. La chicharra calienta sus alas y los trinos de los pájaros hacen que aun te cueste más descansar.
En un momento de esa madrugada recobras el sentido del tiempo. Tardas en darte cuenta de los cambios. Pero cambios que llegan todos los años y que un día, sin saber porqué se producen. Resuenan en tu cabeza de nuevo los trinos de los pájaros. Esos trinos que son cantos al buen tiempo, al amor, al apareamiento, distintos a los de ayer. Sonaban nuevos en mi cabeza. Despertaba mi sangre, abría más mi corazón. Avivaba mis ganas de cambio. El frío desaparecía. Volvía el sol. Volvía la luz.
Recuerdas el paseo de la mañana llegando a casa y la mirada al paseo de naranjos que lo jalonan, recuerdas las puntas de las ramas y el cambio de color de esas tres hojas de un color verde más tierno, más nuevo, de nueva vida.
Mi espera al reposo ya no era desesperante. Yacía en la paz del deseo de una nueva primavera que en tantos años podía decir que había descubierto justo el momento de su llegada, sin esperar a un calendario ni a un equinoccio marcado por el tiempo.

Los animales saben antes que los astrónomos cuando deben trinar a sus parejas. Y decirles que ya llega la primavera. 

viernes, 14 de marzo de 2014

Aquella mujer



Se revelaba contra su padre y se escondía de él. Usaba cualquier excusa para abrir los libros y leer.
Su padre, hombre alto, enjuto y además serio, ferroviario de tradición, honrado a carta cabal, pero hecho a sí mismo en la dificultades de la vida. De costumbres fijas y metódicas, forjadas por su profesión. Su mujer abnegada en todo, dedicada en cuerpo y alma a su marido y a sus hijos. Comida, ropa y poco más había en esa vida. La novela de la radio por la tarde mientras bordada o tejía cualquier nueva colcha para los ajuares de sus hijas. Un ambiente familiar que poco auguraba cualquier novedad a lo largo de los años. Ya dictó sentencia: tu hijo mío, serás factor y vosotras dos casareis con alguien de posición y seréis dignas de vuestros maridos.
Pero...
Absolutamente todo lo que tuviera alguna sílaba junto a otra, tenía que pasar por sus ojos. Devoraba las hojas.  Más tarde ya no era lo que pasara sino que buscaba lo que necesitaba. Empezaba a tener gustos por determinadas cosas. Pero cuanto riesgo. Si su padre se enterara que ella, una mujer, estaba leyendo. Y más leyendo cultura. Qué barbaridad.
Al lado de su casa estaba la librería de Garrido. un amigo de su padre. Curioso personaje , pero que sabiendo que él era el antídoto, su cura o la mejor forma de conseguir sus ilusiones. Le gustaba escribir. Leer, buscar en los libros, era lo que ella necesitaba. Esa persona que le comprendiera y que le ayudara. Empezó pidiéndole un cuaderno de hojas blancas y la pregunta esta fácil.
-y porque de hojas blancas?
- es que quiero escribir mis cosas.
-tu? A tu edad? Quieres escribir?. Bueno toma esta libreta es apaisada, te será más fácil. 
Y así comenzó una relación de complicidad. Ella fue a la semana a comprar una nueva libreta y ante la extrañeza que pidiera otra en tan poco tiempo, una nueva pregunta llegó:
- Otra? 
-si ya terminé  la anterior.
- Algo bonito tienes que poner para que le pongas tantas ganas. Me gusta. me dejaras leerlo?   Esperando un gran NO por respuesta....
- sí, me gustará que lo leas. Así me dirás que hago mal, que será todo.
- vale. En la próxima libreta tráete la primera y la leo y ya te diré cosas.
Pasaron los días más lentos que nunca. Que ganas tenia de verla. Estaba intrigado.
Y lo que vió le pareció lo más bonito que había leído en alguien de su corta edad. Que capacidad de recrear momentos, situaciones y estados de ánimo de cualquier cosa.
Con el tiempo, ya pedía los libros que ella quería, y no cualquiera servía. Empezó a escribir, juntaba sílabas, emborronaba cuartillas, rompía muchas, pero poco a poco tenía sentido lo que salía de aquel lápiz de carboncillo, salían los sentimientos guardados con cadenas, describía las situaciones que nunca había vivido como si de reales se trataran. Aventuras llenas de ilusiones e imaginación. ¿Como iba a salir de aquel barrio?. Pero sus libros si la llevaban a lugares donde describía los colores y las angustias, los amores y desamores. Las guerras y las pasiones.
De pequeños cuadernillos, a relatos cortos, vivencias diarias y cuentos imaginativos. De la prosa o la poesía. Cualquier género le venía bien según lo que quisiera expresar en ese momento.
Garrido le fue dejando diccionarios, sinónimos y cualquiera de las herramientas que pudiera ampliar el conocimiento del lenguaje y la escritura. Perfeccionaba tanto leyendo como escuchando a Garrido. Era una jovencita con ese espíritu de escritora nata que tan pocas veces se da.
Y lo consiguió, triunfó cómo persona. Antes que como mujer. No le importó nunca el sexo ni las diferencias con el hombre. Ella fue lo que quiso ser. Escritora.
Si su padre la viera ahora. Una escritora de existo y reconocida.



jueves, 6 de marzo de 2014

Hospital


Dicen que por la ley de protección de datos no pueden decirte el número de habitación de tu padre en un hospital. La salvaguarda de la confidencialidad es total y absoluta, los expedientes médicos de cada paciente custodiados a buen recaudo. La información médica solo se da a personas autorizadas.
Hemos vivido una situación médica estos días. Pero que no es importante ni exclusiva. Y este caso tampoco es algo extraordinario porque esta todos los días, en todos los hospitales, en todas las ciudades están ocurriendo casos parecidos y hablar de médicos siempre es hablar de algo que no funciona correctamente y que nos impide una normalidad en nuestras vidas. Todos hemos pasado alguna vez en nuestras vidas situaciones así. Unas veces de paciente. Otras de familiar o amigo.
Y volviendo a esa gran intimidad de la ley de protección de datos. De tantos ejemplos, de expedientes tirados a la basura por negligencias de unos buenos otros, de las grandes sanciones impuestas. Pues ahora cuento como nuestra intimidad más preciada es vilipendiada hasta extremos inconcebibles. 
Nunca nos habíamos parado a pensar como el trasiego de camas, camillas, sillas de ruedas, por pasillos, corredores, salas de urgencias, son una y otra vez puestas de manifiesto dando la publicidad más absoluta a tu apreciada intimidad de tu salud.
Queda expuesta a caras desconocidas, a conversaciones indiscretas hasta el máximo. Ni puedes traspasar la puerta de una consulta pero si pueden pasearte con una cama por todos los pasillos de un hospital. La entrada, las consultas. Los ascensores atestados de visitantes que observan como un celador te mete en el ascensor y avisa que entra una cama con enfermo, y permanecen un tanto impasibles dentro, leyendo claramente tu historial médico que lo tienes encima de tus piernas con las muestras de sangre y orina, que hace un rato tenían que llevar a los laboratorios. Viva la intimidad, viva la protección de datos de la sanidad. Viva la curiosidad de la gente leyendo que rara enfermedad tiene el enfermo de la cama mientras suben juntos los cuatro pisos. Curiosidad, morbo, indiscreción. Todo. Y qué más da que seas el famoso de turno que la persona más discreta del universo. Todo es público a partir de ese momento. Ser el cotilleo de todos y estar en boca de cualquiera.

Bendita ley de protección de datos. Bendita 

jueves, 27 de febrero de 2014

Paco de Lucía


Cuando leí una frase de Francisco Sánchez Gómez, Paco de Lucía, en la que afirmaba que el sentido común esta limitado por tu capacidad intelectual me quedé  sorprendido. Es algo que yo creía innato en algunas personas y ese sentido común más agudo en otras por su propio instinto.
Lo razonaba de una forma sorprendente. Esta limitado por los propios conocimientos de la ciencia. El no saber más cosas. El no tener una cultura más amplia. Pero cultura de conocimiento, de sabiduría por el estudio. Ahí me dí cuenta que su gran razón tenía. Hombre tímido y con los normales complejos de su juventud dió naturalidad a su vida superando ese sentido común por el gran valor de la inconsciencia, el desconocimiento, el valor del riesgo, las ganas por descubrir cosas, por abrir puertas donde hay caminos por recorrer. Llevándolo a sitios donde la razón y la lógica nunca lo hubiera dejado caer en lugares donde descubrió su propia identidad. Su estilo, algo que para unos es decir cosas muy complicadas de forma muy sencilla y para otros hacer la sencillez de lo más difícil.
Los genios no siempre son cultos, no tienen grandes conocimientos, pero lo que no tienen es miedo a andar su camino. ¿Cuando nace un genio no será mejor decir que los demás aun no han nacido? Cuando llega su hora de sonar quizá los relojes del mundo se demoran. Son genios y los demás debemos correr para entenderlos

viernes, 14 de febrero de 2014

Tu y Tu


No podré esta noche abrazarte
No sentiré tu piel en mi piel .
No viviré tus latidos en mi corazón,
No besaré tus hombros con mis labios,

Solo quiero volver a sentirte
Solo necesito quererte
Solo viviré en tus labios
Solo amarte es mi vida

En tus brazos estoy,
En tu corazón me encuentro
En tu alma existo
En ti quiero vivir

Nada me quitará
Nada nos separa
Nada me retiene

Nada nos impide ser feliz

martes, 11 de febrero de 2014

Reir


Me da gusto oírte reír
Me da gusto verte reír
Me da gusto sentirte reír
Pero más aun
Me da gusto hacerte reír.
Hacerte feliz
Hacer que tu vida sea feliz
Hacer que cada día sea distinto
Hacer que cada hora sea una bonita experiencia


jueves, 6 de febrero de 2014

Y yo qué sé!!!


En la vida hay momentos de decir basta. El seco momento que pasa tu garganta al no tener una solución, no puede hacerte seguir en una huida hacia delante. Basta de escapar, basta de hacer lo imposible por conseguir lo imposible. No harás más cosas mejor por esforzarte más en hacerlas. Basta. Para. Serénate. Siente tu energía como se diluye en esfuerzos infructuosos. Percibe como tu ahínco se vuelve infructuoso. Degenera en desesperación tu esfuerzo. No sigas, detente. Recapacita. Date un alto y frena.
¿Ya? Ahora con esa calma del sosiego, con ese tiempo transcurrido, con la distancia que te permite ver con claridad el bosque lleno de árboles. Cuenta uno a uno los pasos que anduviste. Sí. Uno a uno. Cada cosa que fuiste moviendo, cada esfuerzo donde salía una gota de tu energía. Mira esos logros a medias que no sirvieron para el fin que tu buscabas. Ni has mejorado ni has conseguidos tus metas.
Recapacita en esa serenidad. Observa tus errores. Compáralos con otros en los que el fin si fuera satisfactorio. Siente como llega de nuevo tu fuerza, tu energía, tu poder. Sí. Ahora ves con más claridad tu nuevo camino, sabes cómo canalizar tu trabajo diario para el buen fin. Que los resultados sean los esperados. Ahora es cuando el esfuerzo es menor, consigues antes y mejor las cosas que buscabas. No estás solo. Mira, ve, observa, presta atención a esas señales. Hay gente en tu camino que re da fuerza, que te trasmite energía buena. Síguela. Ahora no dudes. Ahora sí. Ahora puedes. Avanza, corre, no te detengas, con menos harás más. Mucho más. Y serás consciente de tu ambición.

Ahora si eres un ganador de la vida. De tu vida. Estas satisfecho. Ahora eres feliz. 

lunes, 3 de febrero de 2014

El Examen


Frío. Aquella mañana de viernes hacía frío. Mucho frío y aun así con sólo una cazadora de pana y el vaquero, andaba con los seis libros y dos libretas bajo el brazo izquierdo en busca del instituto. Un cigarrillo de ducados en la mano derecha, el moquillo que escurría por la nariz, y los ojos con lágrimas del intenso frío de aquella mañana. 

Eso solo era lo de fuera. Por dentro todo era inquietud, la noche y la tarde anterior estaban repletas de letras y hojas. De apuntes y subrayados. De notas y café. El esfuerzo había sido grande durante los dos últimos meses. No podía fallar ahora, tenía mucho lastre que sacar de tantas horas de ganduleo. 

Pasos decididos, largos y seguros. Pocas miradas a su entorno, ese camino estaba ya gravado en su cabeza de tantas mañanas andadas. Ni los cruces, ni los semáforos disputaban su concentración en la revisión de cada una de las páginas leídas y estudiadas. Nervios cada vez más hondos perturbaban su mente. Las palabras acudían a su memoria como queriendo escribirse ya en el folio en blanco. Esa angustia a tenerlo vacío y ni saber que poner. 

Estaba subiendo las escaleras, peldaño a peldaño notaba ese sabor a tabaco, la garganta seca, la respiración entre cortada y jadeante. El cambio tan brusco de temperatura le hacía daño en los dedos. Su nariz hervía, y las orejas ardían. Abrió la puerta, miró su sitio, vacío, nadie más estaba dentro. Busco el reloj de la pared. Ahora lo entendió. Llego muy pronto. Demasiado. Nunca había sido el primero en nada y hoy era el primero en llegar. Sería el mejor presagio. Se sentó y dejo volar su imaginación retomando lo acontecido en las últimas doce horas. Nunca en su corta vida hubiera sentido tantas emociones nuevas. La responsabilidad llegaba a pasos agigantados dejando clavados los posos de madurez incipientes. Y eso le gustaba. Se hacía mujer sin saberlo. 

El examen fué la mejor prueba. No tendría que repetirlo nunca más. Prueba superada y con nota. 

Dos cosas más en su vida. 


viernes, 24 de enero de 2014

El Último Viaje


Unas de sus costumbres había sido la de leer los periódicos todos los días. Y no uno, sino varios. Era una buena forma de mantenerse informado y crear una opinión más objetiva de la realidad que le rodeaba. Últimamente ya lo hacía en casa, salía menos a la calle, y lo hacía con parsimonia, con tiempo, con pasión. No dejaba nada sin leer. Creíamos que era capaz de leer se hasta los anuncios. Repasaba una y otra vez los artículos de opinión. Las editoriales, las noticias políticas. Y hasta las te cuadraba con su bolígrafo. El tiempo, los deportes. Era un apasionado del fútbol, del Barça, claro. Era de siempre. Nunca cambió de equipo. Los toros, la cultura, hasta los horarios de los cines.
Hacía ya unos años que los periódicos los empezaba por el final, era algo curioso. Nos fijábamos en ese detalle pero no le decíamos nada. Solo observábamos como lo hacía, pero no le dábamos más importancia.
Aquel día le dijo al tío de su mujer, un personaje ya nonagenario, que vivía con ellos en la casa:
-aun no estás en la lista.
Una frase casi enigmática para todos menos para ellos. Era algo tácito entre los dos. Sabían de sobra a que se referían. 
Con los meses fui observando más detenidamente esa forma de leer los periódicos. Y pronto me dí cuenta que su interés por empezarlos por detrás no eran por las noticias. O los deportes, ni las editoriales. Eran las notas necrológicas y las listas de fallecidos con sus edad. 
Todo aclarado. Bueno todo menos las frases que seguían cruzándose entre ambos. Era casi macabra la idea de ver el nombre de alguno de los dos en esas listas. Y era casi espeluznante saberlo.
Pero desde su punto de vista. Mejor dicho, desde su estatus de edad, de madurez y de esa edad donde ya tienes tu vida hecha, tus cuentas terminadas y esperas que tu final llegue con esa paz. El ver las notas necrológicas de tus amigos, de tus conocidos o de personas que sin ser nada tuyas, tienen más o menos tu edad, te da hasta ánimos de que tú aun puedes seguir leyendo esas notas. Señales inequívocas de que estas vivo. Y las bromas entre ambos ni son macabras ni dan repelús. Son pura y llanamente bromas de vida.
Los amigos cada vez son menos, las llamadas son cada vez más espaciadas y las visitas cada vez son más raras. La soledad viene rápida abrazándose a tu cuerpo.
Y solo una vida llena de vida es capaz de soportar la llegada de la muerte con la tranquilidad de haber hecho algo en la vida que ha merecido la pena.
Una partida de cartas, recoger el pan, los nietos, algún recado. Y hablar, eso sí era de su gusto. Hablaba de su vida. De experiencias, de batallitas diríamos los jóvenes, ya las contaremos nosotros. Ya nos llegará la edad para contarlas. A quien estuviera cerca y pudiera hablarle, ya estaba con sus historias. Sentaba cátedra desde su altura de vida. Creyendo que se le haría caso a pies juntillas. Nunca se dan cuenta que en la vida hay cosas nuevas que han cambiado las antiguas. Pero estoy convencido que esto no es de ahora. Seguro que a sus padres y antes a sus abuelos les pasaría igual. Creerían que solo lo suyo es la verdad, lo bueno, lo que hay que hacer. Y ni creemos que a nosotros nos pasará lo mismo cuando estemos cargados de meses y años para no entender más que lo nuestro.
Vuelve otro día a comprar sus periódicos, a recoger el pan, cuatro fotocopias de unas fotos que vió en una revista y quiere mandar a un amigo. Pocos hobbys le quedan. Su vida se ralentiza. No hay prisa para nada, ni hay que madrugar. Ni para leer, ni para ir a ver al amigo enfermo, murió el mes pasado. Las recetas del médico, las pastillas en la farmacia. Ya está en la cima de la pirámide. Y desde hace mucho tiempo. Por ley no enterrará a nadie. Siempre debe ser así, a él le enterraran los de abajo. Y ese sentimiento le tranquiliza. Ve con tanta vida a los que le rodean que el solo sentimiento de irse después de alguien no lo podría soportar.
Los días pasan y su cabeza le deja tiempo para él y sus cosas.

No hay prisa para nada. Ya queda menos para ver el nombre en esa lista.

martes, 14 de enero de 2014

Los Pájaros



Esta mañana volviendo a casa, casi saliendo el sol, me fijé en el cielo como sus colores cambiaban del negro al azul maravilloso de esta tierra. No sólo vi el cambio de colores. Vi una bandada de pájaros volando. Algo muy natural y lógico. Los pájaros vuelan. Pero estos tenían algo de especial. Volaban en vértice. Uno delante y el resto en perfecta desfile de vuelo. Eso lo hemos copiado de ellos, cuando nuestro aviones vuelan en formación. En ese momento me di cuenta que esos pájaros tenían una lógica de volar. No volaban de un lado a otro porque si. Necesitaban volar así porque su destino era el necesario. Es más, pensé que muchos de ellos ni siquiera sabrían cual y como era su destino. Era su primer viaje. Y para mejor entenderlo saqué mi teléfono. Tiene una aplicación de brújula. Y me indicó claramente su destino por la dirección que marcaba. Doñana. Era la migración de más cantidad de pájaros que jamás había visto yo. No sé cuantos, pero seguro que miles. Eran los Malvasía Cabeciblanca.

Tardaron más de diez minutos en cruzar el vuelo al que yo miraba.

Me hizo reflexionar mucho. La vida. Los cambios de estación. El cambio de casa. La comida. Los amigos de viaje. Una casa nueva, amigos por descubrir. Cosas que ver, más curiosidades de la vida. Un amor más. Cuantas cosas me hizo reflexionar la simple mirada a una bandada de pájaros.

Su vuelo continuó hasta que mi vista no alcanzaba a ver la mancha en el horizonte. Una paz me quedó dentro sabiendo que aun siendo nómada se puede ser feliz en cualquier sitio donde tú hagas tu hogar. No importa el sitio, el clima o los que te redondeen en ese momento.

Tu harás de tu vuelo tu vida.

miércoles, 8 de enero de 2014

Rutina



El despertador ya lleva dos días sonando y no es lo mismo que la semana pasada, cuesta levantarse, los niños ni siquiera se despiertan. Que cambio con dos días solo. Saltaron de sus camas sin esperar que el despertador sonara. Hoy hasta las sabanas pesan más. La manta ni quiere moverse. Y la cara del espejo solo refleja enfado. Vuelve la rutina, vuelve la monotonía. Llevarlos al cole, correr al trabajo, ir a la oficina de Inem. Hablar con la compañera del próximo puente. Que ni se sabe en qué trimestre lo habrá.

El frío de hoy es el doble que el de ayer y los rojos y luces de las calles dejan paso a unas ramas de árboles secas y desnudas. Este fin de semana hay que vestir de nuevo al frigorífico. Y las rebajas ya andan en los escaparates. Vuelve la rutina y la monotonía.

A oír a Carlos herrera decirnos camastrones. Hay que levantar el país. Hay que pagar las pensiones. Los abuelos a recoger a los nietos y los camiones de basura a trabajar menos después de tanta caja y papel de regalo. Vuelve la tranquilidad y el frío del invierno. Y dentro de dos días la cuesta. Sí, la de enero. Esa de todos los años. La que siempre está y siempre se llega. Le podían quitar el nombre. Y dejarla en desierto de cartera. Suena más real.


Bueno. Todo pasará y volverá en cuatro días la primavera. A esperar. 

viernes, 3 de enero de 2014

Recuerdos de mi niñez



Recuerdo de mi niñez unos reyes espectaculares. Vinieron de verdad a vernos los Reyes Magos. Vinieron a nuestra casa con pajes y todo, los camellos no los vimos, me imagino que no podrían subir a un segundo piso, pero sí teníamos preparada su comida.

Fue un recuerdo espectacular, ¡¿Qué digo fue?! Es un recuerdo inolvidable por completo, podría relatar hasta el color de sus trajes y el tono de la barba de Gaspar. Los turbantes de los pajes, el olor a incienso, o ¿sería Mirra?, y hasta de las cosas que me preguntaron; que si me había portado bien, que si era bueno con mis padres, que como llevaba las notas del cole. Jajajaja, las notas, pero si tenía cinco años, ¿qué notas iba a tener?, pues la mejores, matricula en juegos y sobresaliente en recreo, no había más.

Pero ahora con el paso del tiempo, y ha sido mucho, intento recordar que regalos trajeron, ese año maravilloso, los Reyes Magos, y la verdad, con la memoria tan excelente de la que presumo, no logro recordar ninguno de ellos con precisión. Podría enumerar juguetes, sí. Pero estoy convencido que no los podría ubicar en esas navidades serian de otras pasadas o futuras, pero no sabría precisar.

Es quizá que lo importante, de esos recuerdos, no son los maravillosos regalos que los reyes se esfuerzan por traernos cada año, sino el trabajo que cuesta conseguirlos y ahora solo recordamos, sus ojos de bondad, sus besos de cariño, sus abrazos sinceros de amor, el tiempo que pasaron con nosotros dedicándonos toda su paciencia y comprensión.


¿No serian ésos los regalos que me trajeron ese año? Y yo sigo confundido con coches de bomberos o muñecas de trapo.



jueves, 2 de enero de 2014

Existo



Decía un silogismo de mi niñez que todo lo que tiene principio y fin, existe.
Y creo que es verdad, porque tomo un huevo, lo casco, lo frio y me lo como y existió.
Veo unos ojos, me enamoro, me desamoro, y existió.
Planto una semilla de trigo, la riego, le da el sol, se angosta, la hago harina, y el pan que sale lo comemos y existió. 
Pero no sé si yo existo, nacer nací, vivir vivo, regar estoy regado. Y el sol y el agua me dan en la cara. Pero existo? Esta primera premisa está diseñada desde la existencia exterior. De la visión al otro, de la observación a lo que te rodea. Y es cierto desde ese punto de vista.
Y si no muero? No tengo fin? No existo entonces? 
Y si un día se acaba el mundo? Deja de existir?

Estaremos allí para comprobarlo…

lunes, 23 de diciembre de 2013

Palabras con Sentido


Amor, quiero, verso, poema.
-Si, siempre, ahora, ya, voy,
-Beso, recibo, guapa, bonico, dulce, alegría, risa, vida.
-Gracias, corazón, mira, ves, fuerza,
-Poderoso, abrazo, aplauso, curioso, regalo, da,
-Doy, día, sol, luz, verdad, caliente, sabroso, cálido, más,  necesidad, cariño, conversación, escuchar, oír.
-Tiempo, paciencia, piel, sensible, pecho, tuyo, mamá, abuela, amigo, hombro, regazo, duende, campanilla, familia, todo.
-Ayuda, vamos, arriba, sigue, simpática, preciosa, sentido, agradable, 
-Bienestar, natural, bondad, brillo, éxito, siglo, vocación, compromiso, enlace, paso, nombre, contorno, comida, sed, agua, subir, trabajo.
-Solución, privilegio, orgullo, desnudez, mar, maestro, payaso, patria, flor, hábito, carácter, destino, siembra, cosecha, medita, perdona, brilla, ríe, baila, sabiduría, proyecta, ilusión, orgullo, resistir, miel, flor.

-Jugar, leer, admiración, deseo, sexo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cadenas de Piedra


¿Qué necesidad tiene el hombre de hacer algo en su vida con el solo sentido que otros, mucho más tarde se pregunten la razón por la que lo hizo? ¿Qué razones llevaron a los artesanos del Medievo a pensar en tallar en la piedra una cadena de eslabones macizos y sin fisuras entre ellos, con el solo sentido práctico que adornaran una pared exterior del ábside de una catedral? En este caso la de Murcia.  
Siempre me pareció una obra perfecta, de una originalidad total, de un trabajo de talla sin igual. De trabajo infinito, de paciencia y de técnica. De obtener esa cantidad de piedra en bloque y cortarla de tal forma que su trabajo se viera recompensado con el éxito. ¿Cuánto tiempo tardó, cuantas manos intervinieron, como la trasladaron, se le rompió alguna vez?  
Me he preguntado muchas más cosas sobre ella. 
Pero para mí solo por ornamentar esa edificación no tiene más sentido que el que le diera el artesano. El escultor. Y eso es lo que me gustaría entender. ¿Cuál es el fin de una obra como esta. La de ensalzar sus habilidades? ¿La de ensalzar la figura de algún noble de la época para mayor gloria? ¿Comprobar que somos capaces de realizar cosas más allá de nuestro entendimiento? ¿Qué podemos superarnos siempre?. ¿Qué somos capaces de hacer mucho más de lo que creemos?  
No sé que fue. Que motivo tuvo. Por más que he investigado todo son conjeturas. Y quizá esa fue la razón de que la esculpiera. 

La que ahora este yo haciéndome esas preguntas. Y creerme que soy capaz de hacer cosas que nunca me hubiera imaginado que podría hacer. 

martes, 17 de diciembre de 2013

La locura del amor



La locura del amor, crea la magia de la libertad.
El corazón y la mente hacen que el cuerpo disfrute del sexo
Por lo que al corazón lo volvemos loco, y la magia cambia la mente,

Hacen que el amor y el sexo en el cuerpo sean libres.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Terminó


Cuando oigo tus letras
Cuando siento tus palabras
Cuando percibo tus sentimientos
Cuando escucho tus lamentos
Vuelve los malos recuerdos
Llegan huecas tus promesas
Abrasan tus propuestas
De los días ya vividos
Todo se acabó
El día que salí
Nunca más volví
De algo que ya terminó


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Singular


Hace mucho tiempo que ya dejé de ser yo. Aunque creo que muy pocas veces lo fui. Por mi niñez yo era el hijo de, o el nieto de.

Unos años y no demasiados, tuve consciencia de qué es lo que me estaba pasando. Buscaba mi singularidad, necesitaba encontrarme a mí mismo y demostrarlo. Quizá por ese espíritu de rebeldía de la juventud y de inconformismo que conlleva el cumplir años y entrar en esa dinámica de los recuerdos. Antes ni eres mayor, solo cumples años y te vuelves esponja de vivencias. Y ese día tomas conciencia que vuelves la vista atrás y revives lo ya vivido. Ese día si buscas tu independencia de los ancestros. Busca que te digan que tú eres tú. Y ni el hijo de. O el amigo de, o el primo de.

Pero casi sin darte cuenta, la vida te coloca demasiado rápido en su justo punto. Has tenido una década de ese yo soy yo. Y ahora empiezas a escuchar y de tus propios colegas de vida, los de tu quinta, los de tus propios años que te dicen tu eres el padre de, o tu eres el hermano de.

Vuelves al principio de la vida. Vuelves a querer buscar de nuevo tu unipersonalidad. Quieres ser de nuevo tú. Sientes que tu madurez ya está encima y que tu experiencia da una visión distinta a tu vida. En esos años de rápida veteranía y de crear algo por ti mismo, dejaste el ya reconocido yo también soy yo. Da una nueva visión a tu forma de ser tú. Miras en lo que has hecho. Y disfrutas de tu obra. Disfrutas que ahora te digan tu eres el padre de. O la madre de. Qué más da.

Te has reconocido a ti mismo. No has necesitado de otros para sentirte orgulloso. Por ti y por tu obra eres tú siempre 

martes, 10 de diciembre de 2013

Un Copo de Nieve


Realmente no sé cuándo comienza mi vida. Ni cuando muero o cuando nazco.
Creo que empieza en el lago de la laguna de La Mata. Allá por el mes de agosto. Sé que el clima es excepcional. Mucho calor. Allí se llenan las salinas en el invierno para que el sol me vaya evaporando. Cuanto fuego hay a veces. Parece que quema el agua.
Una tarde de calima asfixiante alguien me dió un codazo.
-Te toca. No tardes antes de que refresque, tienes un largo viaje.
Y así. Sin más, salí de aquella laguna. La primera impresión fue la belleza del sitio. Justo al lado, estaba ese gran mar azul. Y al fondo el horizonte que lo unía al cielo radiante. Solo esa línea imperceptible era su unión. Y junto a él esas rocas donde seguro descansará el autor mirando su alma.
Subí y subí sin parar, el calor era cada vez más sofocante. La ascensión rapidísima casi no me dejaba percibir el maravilloso paisaje que se dejaba a mis pies. Tan desconocido para mí que solo me hacía abrir la boca de sorpresa. Alguno de mis compañeros, ya avezados en estos viajes, me contaban las maravillas de esos sitios por los que pasábamos. Grandes montañas, extensiones de tierra desérticas, concentraciones de viviendas de los humanos. Verdaderas panorámicas del mundo.
Y sin esperarlo, un viento huracanado nos hizo estremecer a todos. Nos arrulló en su cuerpo y subió a los cielos hasta llegar a perder la luz del sol. El frío se adueñó de nosotros, aires gélidos nos desplazaban sin sentido de un sitio a otro. De arriba a más arriba. Sin saber hasta dónde podíamos llegar. Llegamos a sentir la angustia del momento. El desconocimiento de todos nos había temer por nosotros. Nunca nadie llegó tan alto. Y con este frio tan intenso.
El viento cesó de golpe. Nada se movía. Y nosotros muy juntos unos a otros nos dábamos ánimo para adivinar lo que nos esperaría a partir de ahora.
Lentamente nos fuimos transformando. Nuestro vestido iba cambiando. Dejábamos la vaporosa seda por los preciosos cristales transparentes. La suavidad de las arrugas cambiaban por las lindas aristas estrelladas. El color casi blanco inundaba nuestras galas maravillosas.
Ahora recordaba mi primer pensamiento. El calor de La Mata. Y que frío hacia ahora. Pero no sentía nada malo. Era como si mi existencia fuera esa, de pasar del calor más intenso al frío perpetuo. Qué vida tan extraña y bonita la mía que permitía tener todas las experiencias de la vida en tan poco tiempo. 
Y cuándo menos lo esperábamos de nuevo el viento, una vez más en movimiento, una vez más arriba y ahora abajo también. Velocidad inusitada. Casi provocadora de sensaciones aun por vivir. Descenso vertiginoso hacia la tierra. Que por segundo se acercaba a nosotros viéndola desde la distancia. Pero no, éramos nosotros quienes nos aproximábamos a ella. Que pasaría ahora?
Uno de los más antiguos comentó que llegábamos ya a nuestro final del viaje. Pero dejó en suspense cómo sería. Habría que disfrutarlo una primera vez para sentir esa fascinación.
Por fin el viento calmó. Los aires se volvieron brisa y el frío aterido abandonó su puesto dejando un ligero calor.
Caímos casi cogidos de la mano. Nos mirábamos asombrados por el cambio de vestidos. Ahora éramos estrellas de cristales brillantes llenos de dibujos preciosos. Uno a uno nos posamos lentamente por los sitios más curiosos, y el mío fue el más maravilloso. Un precioso abeto lleno de regalos de navidad que unos niños habían adornado. Sus ojos brillaban tanto como yo. Y unas lágrimas recorrieron mis aristas. Pensaba que mi fin seria ese. Ver la felicidad de esos ojos de niño. 

O no......pero esa será otra historia.