lunes, 22 de julio de 2013

Migrar


El frío intenso llegó de golpe. Aquella mañana al clarear el día se dió cuenta que ese era el momento.  Lo habían comentado entre todas. Y todas sabían lo que pasaría. Menos élla. Sería su primer viaje. Tenía ilusión a la vez que miedo a lo desconocido. Sabía que sería muy largo. Pero tampoco se hacía la idea de lo que significaba largo. No tenía una forma de relacionar esa palabra. Ni mucho tiempo. Ni otras tantas que por primera vez oía o experimentaba. Pero si sabía que tenía que prepararse para cosas que nunca había visto. Y que merecía la pena vivirlas. Todas hablaban maravillas de ese viaje. Y algunas las más, ya llevaban muchos. Y de los sitios a los que iban. Tan bonitos y magníficos de ver.
El tiempo que llevaba en este mundo se había entrenando para hacerlo. Todos los días habían sido su educación, su comida, su ropaje se había acomodado para iniciar hoy este deseado viaje. La llamó su madre y le avisó para que estuviera lista en media hora. Su madre! , que amor y delicadeza, que pasión tiene una madre. Eso si lo comprendía de sobra. Desde que nació no había parado de transmitirle todo su amor y experiencia, y aunque no llegara a entender muy bienvenida todo, si que sentía que era lo mejor para ella.

Que nervios. Solo un ratito y a despegar. Ya tenía ganas de iniciar ese vuelo tan largo. Del que tanto se preparó. Y que tan duras habían sido las pruebas a las que se sometió. Por fin emigraron a esas tierras desconocidas para ella, y que tanto le comentaron. Ya añoraba con llegar a Doñana.