domingo, 21 de julio de 2013

La vaquilla





Cómo todas las mañanas de feria recorría temprano los lugares por donde unas pocas horas antes habían estado abarrotadas de gente.

Redondeles. La cuerda, el paseo, los jardinillos. La plaza de toros. Que a esas horas estaban ya las vaquillas. El único acontecimiento multitudinario de esas horas.

Saliendo por la puerta nueva de los jardinillos que daban a la puerta grande de la plaza observé que estaba abierta. Y que unos cuantos amigos están hablando en ella. Me acerco a saludarlos. Pero antes de llegar un revuelo, unos gritos y de frente a mí, la vaquilla. Se había escapado. Y salía de la plaza más asustada que los que estábamos viéndola.

Para mi sorpresa, no me esperaba esa reacción mía por mucho que siempre me han gustado los toros, salí detrás de élla. Mas por saber si hacia algo malo. Que por el placer de estar cerca.

Callejeando llegó a Villacerrada. Subió a la plaza por la rampa de Don Gil. Allí si que no tenía mucha escapatoria. Buena explanada, soportales, y poco o ningún sitio por donde huir. Nosotros, a la carrera, detrás y con miedo de que ocurriera alguna desgracia.


Pues a torearla y hacer quites. Hasta que llegó la policía y se acabó mi gran faena taurina.