viernes, 25 de noviembre de 2016

El hule



El hule huele a húmedo, siempre se lía en el tubo de las telas, no se termina de secar. El candil alumbra tan poco que tus sombran son fantasmas de la noche. Las rendijas de la puerta dejan pasar las hirientes navajas del frío cortando nuestro aliento en nubes de hielo.  Al cerrar las ventanas ya contemplas el interior y te das cuenta de la inmensa pobreza en la que vives.

El camastro con jergón es tu cobija para la noche. No huele a comida. No hay. La cabra del redil es tu compañera de vida. Las cuatro plantas del huerto tu único alimento. ¡Qué llueva! Así te lavarás. Zurces tus jirones con hojas de esparto. Andas descalzo, las abarcas hace tiempo que desaparecieron.

No sabes que la guerra terminó hace tres años y sigues escondido. Tu cabeza te lleva muchas veces a aquellas palabras que un día te dijo tu madre: "huye, corre, escóndete, no vuelvas, te matarán. Eres el único hombre, irás a la guerra y morirás".

Estas muerto en vida

jueves, 17 de noviembre de 2016

Acoso



¿Por qué desde una oscura habitación, con solo la luz de una bombilla de flexo, sobre la pantalla de un ordenador, alguien es capaz de destruir o por lo menos esa es su intención, la vida de otra persona?

¿Qué lleva a imponer la voluntad de una vida sobre la de otra? ¿Cómo alguien puede y quiere controlar y destrozar sistemáticamente la vida de la expareja? 

Estás acostumbrado a vivir acosos físicos hasta extremos vitales. A vivir acosos morales hasta destruir a la persona. Y ahora, unos nuevos métodos de acoso a distancia. Acosos informáticos que minan a diario la intimidad más importante. 

La cobardía más absoluta encubriéndose en el anonimato de los bits del ordenador. Sin dar la cara, pero metiendo sus narices en la más absoluta inviolabilidad de la persona, su intimidad. Algo tan difícil de demostrar, tan ilógico para la persona acosada, tan agobiante por no entender nada, tan indignante que ni te puedes explicar en una denuncia, tan difícil de creer que ni te creen. 

No sabes dónde ir, a quien confiar tu angustia, llegas a dudar de tus amigos más fieles. Dudas de ti misma. Diariamente descubres nuevas violaciones en tu vida. Y la angustia no sale de tu corazón. La ansiedad es tu modo de vida. Desesperas y te hundes. Nunca sabes cómo terminará el día. Ves la muerte. Y ahí revientas. En el grito de vida que exhalas.


Muchas veces la suerte te salva. Encuentras la luz de la salvación. Un amigo, una amiga, hasta un casi desconocido te sirve de bastón y encamina tus pasos hasta hacerte fuerte y enfrentar tus miedos. Y ahora esos mundos negros y ciegos se vuelven blancos y luminosos. Y el canalla encuentra su merecido donde la ley pone de verdad su verdadero orden en tu vida, mujer. 



lunes, 14 de noviembre de 2016

Se llamaba Lara


lunes, 14 de noviembre de 2016

Hace trece años llegó a sus vidas, casi sin darse cuenta, poco a poco fue creciendo en cariño, que no en tamaño. Menos de un dedo en toda su vida creció.
Y fue tanta el apego que creó en sus vidas, que se hizo como una personita más. Una hija que no tuvo, una hermana que siempre quiso, una compañera de lujo.
Día a día, momento a momento, le enseñó cómo cuidar de otros, la ternura, el cariño hacia los demás. Una compañera de viaje.
¿Quién no puede comprender que el cariño no es exclusivo de las personas?
Se ha muerto un animal, sí. Pero era su perra, su amiga, su compañera, su vida. Y tiene todo el derecho a sentir dolor, pena, tristeza, rabia, impotencia, desolación, enojada y hasta culpable.
Todo es normal en esos momentos. Y todos debemos entender esos momentos importantes en sus vidas. Se le quiere y mucho, tanto como a una persona, tanto como a un ser humano. Y más te quiere el a ti, que, sin mucha recompensa, te lo da todo, su cariño, su fidelidad, sus alegrías, su compromiso total. Seguramente solo la quiso a ella, a su dueña, quizá no hubo nadie más en su vida.
Nadie tiene el derecho a decir que solo es un animal. Es un animal, es su animal, es su perra. Y la siente como algo suyo, intimo. Tiene todo el derecho a sentir su perdida, su pena. Y a estar a su lado siempre, hasta en su muerte.
El respeto a las personas, empieza por el respeto a ti mismo. Cuando falta ese respeto dejas de entender que los demás son diferentes.
Y como dice mi buena amiga: Muchos no pueden entender el dolor ajeno, pero si respetarlo”.
Lara falleció la semana pasada cuando sus dueñas, Angeles y Luisa, estaban en un congreso médico a mucha distancia de ella.
Asensio Piqueras

sábado, 12 de noviembre de 2016

A una rosa negra.


A una rosa negra. 

Vacío mi corazón se cuelga del abismo de la nada.
Precipicio que mis ojos no ven. 
Cuerpo hundido, seco, agrio, yermo. 
Larga vida desde el amor de juventud, sin muebles, ni cartas, ni fotos. 
Una rosa negra entre las hojas de aquellos versos. 
Miedo al timbre del día, miedo a la luz del llanto. 


Ya no está vacía mi vida, ya no tengo vida. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

En la mesa y en el juego se conoce al caballero


Sábado, 5 de noviembre de 2016

Del refrán “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. Se descubre la verdad del amigo, del conocido y hasta del enemigo.

La cultura popular nos advierte, insistentemente, de cómo entender a los demás por sus comportamientos. No es tan difícil observar a las personas para descubrir sus debilidades o fortalezas de carácter y personalidad. Y más todavía de su educación y catadura moral.

En el juego nunca un caballero hará trampas, así como en la mesa se comportará en las formas de cortesía y educación que merece esa liturgia de la comida.

A lo que voy que me pierdo.

Voy a poner un ejemplo para entender la filosofía de la vida. Y para que nadie se pueda sentir representado, el protagonista seré yo.

Me invitan a una comida donde no conozco a muchos de los comensales, pero, además, hay personas que ya son conocidas, y con las que, por su catadura, del famoso refrán, no me merece la pena que me siente a esa mesa.

Son personas que te sacan de quicio, te enervan te chupan tu energía, son maleducadas.
Las complejidades de juntar en una mesa a personas que no se conocen ya de por si es un riesgo, pero aceptable siempre. Vas a descubrir cosas nuevas, seguro. Y descubrirás a un amigo, a un conocido o a un posible enemigo. Con lo cual, nunca más estarás cerca de él.
Por el contrario, si estás invitado a esa mesa y ya conoces el percal del que está hecho algunos de los comensales, no me merece la pena perder el tiempo en alimentar mí, ya de por sí, precaria estabilidad emocional.

Mis experiencias de vida las corro yo y a mi gusto; decido qué camino y qué encrucijada tomar. La experiencia acumulada me da la libertad de equivocarme, sí, pero cada vez menos y cada vez con menos consecuencias.

Así que, después de todo lo escrito, a mi edad y con los palos de las velas bien derechos, yo decido dónde, cuándo y con quién me siento a jugar una partida de póker.

Y como dice mi querida amiga: “Puede tener una lectura política importante"

Asensio Piqueras
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