martes, 21 de abril de 2015

Cotilla


Las redes sociales son nuevas formas de enterarse de las vidas ajenas. Un cotilleo total de vidas ajenas. Hay personas cotillas, chivatas, chismosas, correveidiles, y eso es lo que está pasando con estas redes. Está en la condición humana el fisgón y que además lo cuenta.
Sus vidas propias son simples. Tanto que están faltas de contenido y las rellenan con vidas ajenas haciéndolas propias. Se meten, opinan, critican, desbrozan, destrozan. Simplezas que solo en su corta existencia, y no de tiempo, dan grandeza de sabiduría.
Exponen, se exponen, cuentan, radian su propia vida al viento. Paso a paso. Minuto a minuto. Sin más importarles que los demás se lo digan y consientan.
Ese sentimiento de pobreza vital les reafirma para sentirse con la fuerza de hacer exactamente lo mismo con las vidas ajenas. Que ni cuentan ni se exponen. Simplemente trasladan hechos. Cuentan historias o demuestran sus habilidades. Pero nunca su vida privada se explica.
Ahora es cuando ven en las demás la que ellas no tienen. Vida propia. Vida privada. No existe vida fuera de las redes, no hay nada en la vida real. No hay amigos, no hay amigas. No se habla por teléfono, no se mandan cartas escritas, no hay libros, ni un café acompañado.
Que no tienen otra cosa que hacer en sus vidas que contar la de los demás en público y por privado. Contarle a uno lo del otro. La una la de la otra. Esa gran figura del cómico José Mota, la vieja del visillo, es claramente lo que está degenerando muchos casos de perfiles en las redes.
Las consecuencias inevitables de rupturas de amistades creadas en la falsedad de la red. Ansiedades enfermizas por la falta de respuestas deseadas. Agobios patológicos que degeneran en depresiones totales.

Estas son las consecuencias de una real realidad irreal.