sábado, 20 de septiembre de 2014

Y fue para siempre



¿Sabéis lo que os digo? Que le voy a contestar, sin más. Y mirar que pasa. Tanto pudor, tanta estrategia, tanto hacerse valer para que pasen los días y en mi cuerpo se vayan clavando cómo desfiladeros las marcas de las ambiciones, de las necesidades de vida. Los hombres están ahí. Unos quieren y otros desean. Y entre unos y otros hay que decidir. Vosotras me recrimináis por mi ligereza, por mi falta de ambición. Y así os va. Mas solas que la una.
Pues le voy a contestar. Qué más da mi inteligencia, mi conocimiento, mis sentimientos más íntimos de mujer, mis alocadas salidas de tono. Y si me dice que salte, saltaré y muy alto.
En medio del probador me llama y con la falda en los tobillos y el tanga enganchado, sin la blusa, me siento en el estrecho taburete y nos dedicamos a contarnos nuestras historias. Más de media hora de conversación. Y vosotras, arpías, buitres de la moda, solo buscáis más ropa que probarnos.
¿Pues sabéis? La conversación preciosa, de las que te visten más por dentro que por fuera.
Dejarme que mi inteligencia se dulcifique, que mi dignidad se quede donde yo quiero y no vosotras.
La siguiente será la mía. Y le llame el domingo, justo a la hora que jugaba su atlético del alma. La conversación duró las dos horas del partido.
La próxima ni habría móviles. 


Habría labios por medio. Y quizá para siempre