lunes, 22 de septiembre de 2014

Café


No todos los sentidos son capaces y necesarios para poder apreciar este triste fruto en sus inicios.
El olor no tiene sentido en la rama, pero si el color, su tacto solo se encuentra en la mano que lo toma, del sabor no hablamos hasta su final, pero la vista está en todo su proceso.
Lo vemos crecer verde, cambia a ocre, se dora, y broncea como una piel al sol. Cambia de cuerpo, sube su aroma, enriquece su brillo. Oro en muchos sitios con valor sin igual.
Su proceso lento y ambicioso, sin prisas y cariño deja sus granos convertidos en un manjar.
Nunca se debería embolsar, nunca esconder en arpilleras, nunca dejar que se mueva.
Pego su vida es una transformación sin parar. Verde, marrón, ocre, oro, bronce.
Blando, duro, exquisito, machacado, molido.
Al sol, a la luna, al viento madura.
De nombre todos los posibles, más que naciones, más que ríos, más que montañas, más que personas, tantos, como plantaciones existan.
Su vista de un líquido de ambrosía, su aroma de recuerdos de naturaleza, el susurro de sus burbujas en su crema y el sabor de todo el amor con el que llega a tu alma.
Y llega a las manos de Inma que te hacen vivir las sensaciones únicas de todos los sentidos.

Bendito café que hasta la sal la secas.