jueves, 30 de octubre de 2014

Dejarme vivir



Uff. Que calor hace. Un poquito de lluvia o de agua fresca no me vendría mal. Pero mejor cuando el sol ya no me dé de cara. Así no me quemarán esas gotas que hacen de cristales de aumento. Queman y me destrozan mis vestidos verdes y mis sobreros amarillos. La verdad es que es el color que mejor me sienta, otras van de rojo, de rosa, y hasta de negras he visto por ahí, tan presumidas ellas. Son más exclusivas. Conozco a una persona que le encantan los sombreros negros y se las llevan.
A mí me encanta este amarillo, me suena a luz, a oro, a brillo. Dicen que este color es el de la alegría, de la sonrisa. Y para presumir más todavía algunos dicen que este color es de sabios, de inteligentes y de genio. Yo no llego a tanto, pero sí que disfruto cuando me miran y se admiran. Me baja por mi cuerpo, en los días de primavera, unos olores deliciosos. Una fragancia que varía con la cantidad de luz que me da, con el viento que me arrulla, con el sentido que se acercan.
Hay quien me canta, hay quien me pone música, pero sobre todo lo que más agradezco es el amor con el que me miman. Entonces sí que estoy feliz y se me nota, me abro entera, y lleno de luz y olor a todo lo  que me rodea. Con que poco cariño devuelvo tanto. Dejarme que termine mi vida donde nazco, daré mucho más que si me cortáis para unas horas.

Soy un ser que vive y siente, y que quiere como el que más. Soy una rosa amarilla que solo quiere hacer felices a todos.