martes, 28 de octubre de 2014

Cuba




Todo empieza con la ilusión de un recuerdo. Las historias de su abuelo en aquellas batallas lejanas de Cuba. Como un chaval en plena juventud llena de locura y pasión pudo conseguir meterse en aquel cuartel y cruzar un charco demasiado grande para alguien de los adentros de la España más manchega. Cascos de paja que más parecían de cosechador de mies. Trajes de rayas, que de pijamas podían valer y armamento para cazar liebres y codornices.
Les contaba las historias como si de anécdotas fueran. Y ahora se daba cuenta de la crudeza de aquellas vivencias, a la ya larga distancia con la patria, había de añadir la crudeza del sitio, a la falta de alimentos por las inclemencia, al bloqueo y asedio, a las enfermedades que diezmaron la población de unos bandos agresores y agredidos. Precariedad contra las inmensas fuerzas de EEUU Al volar el Maine. Hecho que vivió con sus propios ojos, demostrando que su voladura fue interior.
Algo le hacía querer ver aquellas cosas con sus propios ojos. Su abuelo, su amado abuelo fue el último en salir de aquella maldita isla a la que nunca debió ir. Los años pasan, los momentos también, las personas cambian y los sentimientos se aplacan. El rencor se dulcifica, el tiempo restaña, y la vida se adapta. Pero vivir los pasos de su abuelo, oler los sitios donde comió y durmió. Ver el océano hacia su Mancha querida. Y no desde la desesperanza de saber si volverá, como recordaba su abuela. Y si más vivo que en una caja. O solo la carta del general con la noticia de su entierro. Tenía que ir, vivir, sentir.
Y así lo hizo. Buscó la forma más parecida en la que su abuelo se marchó y salió para Cuba, en un buque mercante andrajoso, destartalado, cargado de ropa usada, más vieja que antigua, en fardos atados. Quería revivir una experiencia. Entender porque alguna palabra como ultramarinos significaba lo que traían de ultra mar, de aquello sitios descubiertos por Colon. Porque de los salazones, de las conservas, de los tiempos muertos de nubes y calmas chichas. Pisar la tierra de la playa, las calles, los escombros de los cuarteles, el puerto, sus tabacos, su gente, porque queríamos estar ahí, cuando en España se estaba ya bien, las ambiciones de tierras y personas, dominar más de lo que se puede,

Y salió.