miércoles, 16 de abril de 2014

Procesión





El sonido de la maza en el tambor, cadencioso, firme, continuo, lejano siempre pero que cada golpe se clava en tu alma como suave pluma.
Intentas acompasar tus pasos a ese ritmo y casi imposible. Tus sandalias de  esparto tejidas a mano te llevan a tu compás. A tu manera de ir sintiendo tus recuerdos de todo ese año de espera. De las vivencias sufridas y tus gozos sentidos. Aun reparas en el vibrar de tu corazón cuando el sonido de las alcayatas más intenso y rápido se va acercando por tu espalda. Como si quisiera ponerse a tu lado para avisarte de la importancia de lo que estás viviendo.
Paso a paso recorres lugares y sitios que en otra hora estarían llenos de algarabía y bullicio, pero que ahora los redescubres con sus sombras de oscuridad, sin luz de sol, sin luz de vida, la muerte está más presente que nunca en ese momento. Paso a paso la maza te marca un ritmo que las alcayatas te rompen, alejándose y aproximándose como anuncio de vida y muerte.
Tu recogimiento es total ahora. Empezaste despistado con el habla suave y floja de los que te acompañan pero ahora es el silencio absoluto de tu interior el que te hace oírte. El que te saca de dentro lo bueno y lo malo de tu vida. La maza y la alcayata te recuerdan sin parar que eres y quien eres. No tienes escapatoria. Estas enfrentado a ti mismo. A tus miedos y a tus alegrías. A tus temores y a tus valores. A tu terror y a tu paz. Sabes que saldrás satisfecho de esa noche. La quieres vivir por completo. Llevas todo un año en esa espera. El Cristo del Consuelo se acerca y se aleja. La maza y la alcayata van y vienen.
Renacerás de nuevo como cada año. La cruz y el cíngulo que soportas serán tu liberación hasta la próxima. Serás de nuevo quien eres de verdad.

Volverás a tu paz interna