jueves, 13 de noviembre de 2014

Un Trabajo por fin



El calor de este lunes es sofocante, ni abanico ni botella de agua.
Las calles reflejan con más fuerza la luz del sol. Son pocos cruces hasta llegar, el esfuerzo agobiante. La gente anda muy despacio y esquivando el choque con otras. Buscan la sombra de tejados, de toldos y de las hojas verdes de algún árbol.
El aire quema, la falda arde, y la blusa pegada al cuerpo hace resaltar sí cabe más mi sudor.
Los tacones tan altos rojos casi me hacen resbalar. Ya llego. Dos pañuelos de papel me sirven para secar las gotas de mi pecho. Un pequeño peine acomoda mis rizos y el carmín recompone mis labios. Tengo que estar perfecta. Hoy es el momento. Llamo, me abre, me hace sentar y solo escucho que estoy contratada.
Hace mucho calor, ahora sí sudo y mucho. Mis pechos están llenos de gotas que resbalan de mi cuello.

Qué bonito es el sol. Qué gusto de calor.